Mariana tiene 7 años. Es sábado y el clima está perfecto para salir al aire libre. Su hermana le anima a salir al parque con su bicicleta para volver a practicar. Mariana recibió su bicicleta a los 6 años, pero ha pasado un año sin usarla porque aún no logra manejarla sin ayuda.
Un año después, sin embargo, se muestra con deseos de volver a intentarlo. Durante este tiempo aprendió a saltar la cuerda y hacer aspas de molino, además, está más alta y ahora sus pies llegan al piso, todo lo cual le da más seguridad.
Mientras Mariana busca su casco y otros elementos de seguridad, su hermana en broma le pide “disculpas” por no saber cómo enseñarle apropiadamente. Mariana sonríe y le propone ver un tutorial “como cuando aprendieron a hacer pulseras”. En este, se sugiere empezar por mantener el equilibrio antes de pedalear.
Con ese propósito en mente salen fuera de casa buscando un lugar donde practicar.
Aunque viven cerca de un parque, Mariana piensa que si practica en ese lugar podría dañar a algún niño sin querer, por lo que propone ir a otro, un poco más alejado, pues vio alguna vez un cartel señalando una zona especial para ese fin.
Al llegar, se sube a la bicicleta, endereza su postura y mira a su hermana en busca de seguridad. Escucha los últimos consejos y se impulsa con los pies levantándolos luego del piso. Luego de algunos intentos infructuosos comienza a mantener el equilibrio por unos segundos y ese pequeño logro la llena de entusiasmo.
Conocer y emplear medidas de seguridad, identificar lugares apropiados para la práctica, coordinar su postura y movimientos para mantener el equilibrio, comunicar ideas y emociones, seleccionar y emplear un tutorial, manejar el temor, perseverar, son ejemplos de conocimientos, habilidades y actitudes que Mariana ha puesto en acción para poder cumplir de forma efectiva este desafío.
Esta movilización de recursos para enfrentar de forma efectiva una situación, es lo que se conoce como competencia.
Comprender con claridad que es ser competente es fundamental para que podamos promover su desarrollo en la escuela.
Ser competente va más allá de poseer conocimientos o habilidades; es la capacidad de movilizarlos para enfrentar situaciones reales.
Pensemos en el siguiente caso: Mateo tiene 13 años. En las clases de Educación Física destaca por su velocidad y agilidad. Ha aprendido sobre hidratación, control de la respiración y dosificación del esfuerzo.
Una mañana, durante una visita de campo organizada en el curso de Sociales, el junto a su salón viaja a un pueblo cercano. Al regreso, un desperfecto en el bus en que viajaban, los obliga a caminar dos kilómetros hasta la carretera principal para tomar otro que los lleve de regreso.
Los maestros a cargo, proponen caminar tranquilos, con descansos breves y tomando agua cada cierto tramo.
Mateo, confiado en su condición física, corre y se adelanta varios metros de su grupo. No toma agua y no hace pausas. Después de unos momentos empieza a sentir calambres y sed intensa; su ritmo decae, es alcanzado por su grupo e incluso superado por este en el último tramo.
Mateo a pesar de contar con los conocimientos, actitudes y habilidades necesarias, no logra poner estas en acción para hacer frente a esa situación.
Ser competente, por el contrario, implica no solo poseer conocimientos o habilidades de forma aislada, sino poder movilizarlas al enfrentar un problema o desafío.
¿Cómo impacta esta idea mi práctica pedagógica?
Esta idea te invita a repensar la escuela como algo diferente a un espacio de transmisión de información o desarrollo de habilidades, actitudes y conocimientos aislados. Por el contrario, promover el desarrollo de competencias en tus estudiantes, implica ofrecerles oportunidades para enfrentar desafíos auténticos y significativos donde poner en acción estos recursos.
Por ejemplo, tomando en cuenta el ejemplo anterior, si en tu escuela se ha programado una salida de campo a un ecosistema cercano que implica una caminata considerable, puedes proponer a los estudiantes que planifiquen circuitos diferenciados dependiendo de la condición física de quienes participarán. En esta planificación, podrían definir y validar puntos de hidratación y descanso, analizar las pendientes de las rutas y establecer distancias y niveles de dificultad adecuados tanto para estudiantes como para adultos con diferentes condiciones físicas. De esta manera, empleas una situación auténtica para brindar a tus estudiantes a poner en juego sus aprendizajes en contextos reales y relevantes.
No toda acción refleja una actuación competente
Ser competente va más allá de poseer conocimientos o habilidades; es la capacidad de movilizarlos para enfrentar situaciones reales.
La idea anterior es que ser competente va más allá de poseer conocimientos, habilidades y actitudes, sino que es necesario ponerlos en acción. ¿Significa esto que toda acción refleja una actuación competente?
Analicemos las actuaciones de Aníbal y Rossmery, dos maestros de Educación Física, de 4to año de secundaria.
Aníbal ha previsto trabajar este bimestre fuerza, velocidad y coordinación con su grupo, así que ha organizado una secuencia de actividades que combina varias estaciones: saltos en soga, abdominales, flexiones y circuitos de velocidad. Los estudiantes rotan por cada estación y cumplen con los tiempos y repeticiones indicados. Durante la sesión, se los ve activos, sudando y animándose mutuamente para que todos cumplan con la rutina. Sin embargo, cuando se les pregunta a los estudiantes por qué están realizando estas actividades, los estudiantes no saben que responder y solo esbozan respuestas como “porque eso nos dijo el profesor” y similares.
En este caso, vemos que los estudiantes sí ponen en acción sus conocimientos, habilidades y actitudes, pero… estas carecen de un propósito.
Comparemos esto con el caso de la profesora Rossmery.
Esta diseña su experiencia de aprendizaje tomando como punto de partida una problemática identificada por los estudiantes sobre cómo el sedentarismo los afecta no solo a ellos sino también a sus familias.

